No recuerdo exactamente cuáles
eran las condiciones en ese instante, ha pasado ya mucho tiempo desde aquel día
y sin embargo cada una de las sensaciones de ese instante quedó grabada en mi
memoria.
Al verla por primera vez me sentí
muy curioso, su leve aroma incitaba a mis sentidos, me acerque a ella sin la
menor intención de hacerle algo, pero su figura me sedujo hasta tal punto, que
la tome entre mis manos, y sin pensarlo utilice mis fuerzas para abrirla en
dos, ella se derramo en gran parte sobre el suelo, y al hacerlo su aroma
invadió el lugar de nuestro encuentro, ansioso de deseo por probar de su néctar
deslice mi lengua entre ambas partes, y fue en ese momento que experimente el
placer que solo ella podía darme, su textura era muy blanda y gelatinosa, mi
lengua se deslizaba sin dificultad sobre su delicioso jugo. Una vez que la vi
totalmente vacía y sin nada que ofrecer la arrojé, añorando todo el placer que
me había dado. Fue así que yo probé mi primera granadilla.

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