Cuatro de la
tarde, como hormigas, una tras otra las personas desfilan saliendo de sus
oficinas, cada edificio parece un hormiguero alrededor del teatro Benalcazar,
los autos invaden la calle hasta colapsar, los buses no abastecen para
transportar a tanta gente, y en medio de esta marea de sombras de oficina que
camina frente al teatro unos personajes se distinguen por su energía, de ellos
cuelgan ropas flojas y desgastadas y con la mirada en el suelo y sus audífonos
uno a uno ingresan al teatro, ese lugar al que todos entran de etiqueta, con
sus mejores galas, lleno de falsos amantes del arte y viejos adinerados, ese
lugar ahora está lleno de informales bailarines que con el pasar del tiempo lo
invaden y esta vez los camerinos, la sala de control, el escenario, las
butacas, todo en el teatro se convierte en camerinos.
En las butacas
de lino rojo, mochilas, shigras y maletas reposan abiertas, y junto a ellas los
bailarines se colocan sus zapatillas y se despojan de las prendas que los
cubren, el orden y la pulcritud del teatro se rompe, apuesto a que aquellos
viejos enternados que vendrán en la noche no tiene idea de todo lo que ha
sucedido aquí antes de su llegada.
El silencio
clásico del teatro continua mientras estos hombres y mujeres ahora todos de
negro parecen desarmarse mientras estiran, una pierna por aquí y otra por allá,
si alguien viera este ritual pensaría que es una tortura colectiva, pero la
energía en el ambiente sigue subiendo conforme los bailarines calientan, y de
repente el silencio se rompe con una onda que proviene de la cabina de control,
es el director que llama a todos para su primer ensayo previo a la función,
rápidamente se ponen de pie y forman un compacto pero todavía desordenado grupo
en el filo del escenario, todos atentos a lo que su director les diga.
En la cabina, el
aire es mucho más ligero de lo normal, el estrés del show no llega todavía,
varios zarrapastrosos ingenieros de sonido están verificando conexiones, la
indiferencia reina en ese pequeño lugar del teatro, contrario a lo que se
esperara después, pues la coordinación a la hora del show debe ser perfecta, un
hombre de pie frente al micrófono maestro grita a todo pulmón, “a sus
posiciones”, una frase que jamás un espectador deberá escuchar, y que solo en
ese momento de la tarde es repetida una y otra vez antes de que la música
invada nuevamente el lugar.
El suelo cruje
con las rápidas y fuertes pisadas, gritos invaden las patas detrás de las
cortinas y uno tras otro los bailarines salen atropellándose, giros y ademanes
de brazos y pies, harían creer que el teatro está dando un show de manera
normal, pero hay muchas diferencias, el gesto de los bailarines es diferente,
sus atuendos, su energía, en general el show es otro, tiene un tinte mayor de
esfuerzo, el teatro ya no es una vitrina de arte únicamente, se ha convertido
también en un campo de batalla, lleno de espíritu de competencia, de necesidad
de sobrevivir, de sobresalir, de mentes concentradas en exigir de sus cuerpos
todo lo que pueda dar, el teatro a esta hora de la tarde es diferente, su aire
es diferente, su sonido es diferente y por lo tanto el teatro es otro, es una
guarida de entrenamiento, es el escondite del bailarín.
El show se
repite en varias ocasiones y frente a cada error se escucha gritos estruendosos
desde la cabina. El tiempo transcurre sin perdonar errores, la hora del show se
aproxima y con ella el estrés de todos dentro del teatro aumenta.
La ultima
pasada, dice el director con un tono más tranquilo, desatando la energía de sus
bailarines con la última reproducción del audio, en esta oportunidad ya no
existen gritos, y la complicidad y entusiasmo llenan el ambiente de aire rosa,
suena el último acorde y todos caótica mente se dirigen a sus maletas y las
llevan a los camerinos, es en este instante donde el teatro empieza a
convertirse en lo que todos conocemos, es en este instante cuando los actores
de esta Obra visten el traje que todos esperamos, los espectadores inundan las
entradas vestidos de gala y toman asiento en las butacas, el rechinido es
diferente, el sonido de las butacas es de reposo, al terminar de entrar todo el
público, las luces se apagan y toda la Obra entra en escena, pero cuando nos
sentemos en esa butaca a disfrutar de su show, debemos recordar que antes de
todo lo que estamos viendo, antes de este espectáculo que disfrutamos, hubo
otro, uno lleno de espíritu y decisión, un show que mostraba el esfuerzo que se
necesita para convertir el Teatro en el lugar que todos conocemos, un show que
no recibió ninguna ovación y sin embargo estuvo ahí.

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